martes, 1 de marzo de 2016

I'm afraid of Silence

I'm afraid of Silence. Of what might come out of it. Cold and big. Hiding in the darkness. Like waiting for a monster to come out of your closet. Listening to the sounds that deafen your ears, but that only you can hear.

He has become loud. So loud… and eternal.

You start to count… 1… 2… 3… begins like a whisper and it ends in a scream. Nothing you do stops Silence from screaming in your ears. Telling you he hates you, but he will never leave. The one that sounds like a broken piano key. All the time.
He only comes at night, when everything and everyone is quiet. He hates the light, the busy streets, the loud TV's. He knows I can't hear him. Not when I'm busy pretending I listen to people.
He comes when I'm about to close my eyes and sleep. He always does.
Sometimes he loves me and whispers in my ears that I'm his favorite. But I don't want to be his favorite, I want him to stop touching my ears and leave me. Forever.
People tell me they enjoy Silence. They don't know him like I do. He's evil and mean. Perhaps he only hates me. Because I've never been his friend. Never enjoyed Silence.
Music is my friend. Has been from the moment my ears came to life in my mother's womb. But not Silence. Never Silence.
I'm afraid of him. Of what he has to say. Because he holds the truth in his hands. The truth about me.

I'm afraid of Silence. Of what might come out of it.

lunes, 11 de mayo de 2015

Diario de una pensadora compulsiva I: Cómo vivir con un cerebro ansioso y depresivo sin perder el pelo en el intento

Dicen que es normal que el mundo se te venga encima cuando pierdes a alguien que amas. Que es perfectamente... humano... sentir que se te quiebra el corazón.
Pues sí, así me sentí yo. Como si me hubiera muerto un poquito. Como un zombie, sólo que sin ganas de comer cerebros (con el mío tengo más que suficiente). Sentirte la persona más horrible del planeta y no saber por qué.
No lo sabía hasta que alguien me dijo que sufría de ansiedad y depresión (no, no fue Google, aunque acepto que varias veces he investigado síntomas en internet y en tres ocasiones Dr. Google me ha diagnosticado con cáncer, en cuatro he estado a punto de tener un infarto y en una resultaba imposible que siguiera viva). 
Mi doctora me dijo: "Acabas de sufrir una pérdida. Es normal, más normal de lo que crees, padecer ansiedad y depresión. Te voy a recetar estas pastillitas, vas a ver que dormirás, te sentirás más relajada y dejarás de comer". Ojalá me lo hubiera dicho 10 kilos antes.
Perdí a mi papá, subí de peso, perdí control sobre mi cuerpo y la gente que me rodeaba, al verme, me decía que despertara, que tenía que salir adelante, que me dejara de tonterías porque la vida sigue. 
Hagan que mi cerebro lo entienda, a ver si les sigue pareciendo tan fácil.
A lo mejor es porque me gusta llevar la contraria, pero en lugar de ayudarme, lo único que provocó escuchar a todas esas personas "cercanas" a mí  decirme qué sí y qué no hacer, fue... pues que me hundiera... más. Como cuando estás chiquito y no sabes nadar y te aterra lo hondo de la alberca pero por alguna razón inexplicable te avientas y dejas que todo el aire salga de tus pulmones para hundirte hasta tocar el fondo, y de pronto abrir los ojos y ver a toda esa gente observándote y moviendo los labios sin darse cuenta de que no las escuchas, haciendo señas de que muevas los brazos y patalees para empujarte hacia la superficie... pero sin aventarse para sacarte.
Luchar contra ti mismo siempre es una batalla difícil, porque la persona que peor puede tratarte, la que te puede hacer sentir peor, eres tú.
No es que esperara que alguien me sacara de la parte más profunda de la alberca. No quería que me salvaran. Lo único que pedía era que no me presionaran. En pocas palabras... que me dejaran en paz.
Escuchar tantas voces diciéndome cómo debía sentirme y lo que debía hacer, y al mismo tiempo escucharme a mí misma gritar en silencio, me hizo perder lo poco que quedaba de mí.
Y luego... empecé a comer. No porque tuviera hambre, sino para llenar ese hueco que muchos llenan con un Snickers.
Comía para compensar el hecho de que me sentía completamente vacía. Y subí. Mucho. Escalé el Everest de la comida y cuando al fin tuve el valor de verme a mí misma otra vez, realmente verme, había subido 10 kilos. Diez horribles, estrambóticos, impredecibles y poco disfrutados kilos. Me sentía como un Dr. Jekyll con un Mr. Hyde rechoncho escondido en mi barriga y en mis piernas y en mis brazos y un poco en la papada. Sentí que la última vez que realmente me vi en el espejo fue antes de que falleciera mi papá. 
Fue horrible y ligeramente traumante ver a una persona extraña reflejada en el espejo, con la cara demacrada, bolsas debajo de los ojos, los cachetes hinchados y, por supuesto, con 10 kilos de más. No me reconocía. No porque pareciera el mono de Michelin o el Marshmallow Man de Ghostbusters, sino porque sentía que estaba viviendo en una realidad alterna, una realidad que no era la mía, donde mi papá ya no estaba y mi mamá y yo nos quedábamos solas en una casa que sin él resultaba inmensa. Una realidad en la que la ansiedad se había apoderado de mí y la depresión me abrazaba y no me dejaba ir. Ah, y que además, había subido 10 enormes y grasientos kilos.
Ahora viene la parte en que los X-Men aparecen y salvan el día: Professor X (a.k.a. mi mamá), Wolverine (a.k.a. mi hermano, igual de peludo que Logan), Rogue (a.k.a. mi mejor amiga, Martian) y Beast (a.k.a. Keeva, mi perrita hermosa). 
Luchar contra The Blob (a.k.a. yo) no fue una tarea fácil (¿qué chiste hubiera tenido si no lo complicaba todo?), con sus poderes mutantes aguantaron todos mis cambios de humor, mi lloradera en ocasiones interminable, mi cerebro cansado, mi ancianidad (como dije, no fue tarea fácil), ¡y a todo eso habría que agregarle mi estado de ánimo deplorable durante los tormentosos días de menstruación! Debo decir que sus superpowers son realmente impresionantes.
Es muy cierto cuando dicen que las personas que realmente te quieren son las que te aguantan cuando ni tú te aguantas. Y ellos aguantaron... mucho. De hecho, lo siguen haciendo. La verdad no estaría escribiendo esto si no los hubiera tenido a mi lado para salir adelante.
No puedo decir que ya vencí a Ansiedad y que Depresión me la pela. Todavía no. Lo que sí es que poco a poco voy flotando hacia la superficie. No sé cuándo llegaré, pero sé que será pronto. Mientras, me estoy despidiendo de todos esos horrorosos kilos de tristeza que aumenté. Estoy dejando ir esos 10 kilos de pesadez que lo único que hacen es que The Blob siga peleando contra los X-Men en lugar de luchar a su lado. 
No será una pelea fácil, sobre todo porque Mordor tiene muchos orcos y mi carta de Hogwarts no ha llegado. Lo bueno es que la Fuerza está conmigo siempre y Narnia está sólo a unos cuántos kilómetros.
Tengo que aprender a vivir con un cerebro ansioso y depresivo. Descubrir un nuevo superpower para vencerlos es la misión, y si decido aceptarla, mi cerebro no se autodestruirá en 30 segundos.
Por el momento, debo vivir un día a la vez. Hoy estoy bien (dentro de lo que cabe). Mañana no lo sé. Y eso es bueno, ¿no?


Fin del comunicado.

lunes, 30 de marzo de 2015

Noticias

Abrir el periódico y encontrarte con ese tipo de noticias no es de extrañar. Estamos acostumbrados a verlas todos los días.

"Muere hombre sexagenario y su familia lo acompaña."

Decir que su familia lo acompaña es una forma sensible de decir que todos murieron junto con él. Sí, vivimos en un mundo tan cruel que si muere alguien de tu familia, tú mueres con esa persona. A menos que decidas romper lazos con ellos. Romperlos. Literalmente. 

Todos estamos unidos a las personas que amamos por medio de una serie de lazos ubicados en la parte superior de la espalda y que son imperceptibles para el ojo humano. Estos lazos se hacen más fuertes conforme el cariño y la cercanía se vuelven, por así decirlo, más intensos, como el amor de una madre por su hijo, por ejemplo.

Así que en estos tiempos debemos estar dispuestos a aceptar el sacrificio que implica el amar a alguien. La muerte. Si esa persona a la que eres muy cercano o que amas muere, tú morirás con ella. Esos lazos que los unen serán su perdición. Amar es morir. Literalmente.

Cuando pequeño, solía decirle a mi madre que veía unos extraños hilos rojos saliendo de las espaldas de las personas, una cadena gruesa que les colgaba como un tentáculo de un extraño calamar gigante. Pero como todo adulto que se asusta al escuchar a sus hijos decir cosas poco "normales", me dijo que dejara de inventar, que eso no era posible. 

Debo aceptar que siempre fui un niño extraño. Aislado. En algún momento mis abuelos llegaron a pensar que estaba enfermo, por lo que obligaron a mi madre a llevarme a una institución para enfermos mentales con la esperanza de que pudieran resolver mi problema. No sabían o no querían creer que lo que yo veía era real, así que pensaban que estaba loco. Un niño de 6 años poco sociable que dice que ve tentáculos en la espalda de las personas no era considerado normal. 

Nunca le he dicho a nadie que puedo ver los tentáculos. Siento que si se lo digo a alguien no podré vivir en paz. Vivimos en un mundo enfermo en el que siempre debe haber una respuesta para todo. Tenemos que saber el por qué de todas las cosas. Yo soy de la idea de que mientras menos sepamos, mejor. No porque acepte la ignorancia, al contrario, pero durante toda mi vida he visto tantas cosas que en ocasiones desearía ser común. No saber nada, ser un simple mortal que camina por ahí sin saber que trae un misterioso tentáculo invisible saliendo de su espalda.

Aunque, curiosamente, yo no tengo uno.

No sé si tenga que ver con el hecho de ser capaz de verlos o de que uno no puede ver su propio lazo. No conozco a nadie que pueda ver lo que yo, así que no tengo idea si esto le pasa a alguien más. Tampoco quiero indagar mucho porque no me gustaría ser secuestrado por algún grupo extremista que cree que puede utilizarme para encontrar una cura. O por uno de esos grupos que no desean que la gente sepa lo que sucede y se "deshace" de la gente que sí sabe lo que pasa. Mientras es una cosa u otra, prefiero guardarme el secreto. No decirle a nadie lo que soy capaz de ver. Al menos no por ahora. 


Este es un mundo donde el amor provoca la muerte. Donde amar a alguien es sacrificar todo. Algunos están dispuestos a correr el riesgo. Yo no. Prefiero estar solo. Nunca he sido alguien muy familiar o muy sociable. Mis padres renunciaron a mí cuando me dejaron en esa institución para enfermos mentales, así que yo renuncié a ellos. Fue lo mejor que pude haber hecho, porque si no, hubiera muerto el año pasado.





1. Los lazos son de color rojo y su intensidad varía dependiendo de la unión que se tenga con cada persona.





La noticia del día. Ésta me produjo un poco de tristeza. Aunque puedo entender por qué lo hizo.

"Mujer abandona a su hijo enfermo por temor a morir con él."

Dicen que el amor de una madre es más fuerte que cualquiera. Pero bajo estas circunstancias, ¿estaría una madre dispuesta a morir cuando mueren sus hijos?, ¿aún cuando apenas han nacido? Considero que el miedo es más poderoso que el amor. Siempre lo ha sido. Sólo que ahora es más notorio porque todos tenemos miedo a morir. Lo tenemos ahora porque el fin de nuestra existencia no estaba ligado a la muerte de otros. No de esta manera.
La muerte nunca ha estado bajo nuestro control. Ni siquiera con tantos avances en la medicina y en la ciencia hemos evitado que el cuerpo decaiga, se desgaste y muera. Al contrario, siempre encontramos maneras de morir más rápido. Nuestro temor es hacerlo estando ligados a otros. No deseamos esa muerte porque incoscientemente creemos tener en nuestras manos la decisión de poner fin a nuestra existencia. Lo que no podemos aceptar es morir porque otro muere. Morir cuando no era tu tiempo. Morir por amor.

Nunca he sido de esas personas que depende de alguien o que busca la compañía para no sentirse solo, tal vez por eso no temo morir. De pequeño solía desearlo a diario. Deseaba morir para escapar del infierno en el que me encontraba. Ahora sólo la espero tranquilo mientras leo el periódico. Todas esas noticias sobre la gente que fallece para acompañar a sus seres queridos. 

Este mundo es tan contradictorio. La gente decide amar cuando eso te puede provocar la muerte. Es extraño cómo evoluciona el ser humano. El odio solía regir. El amor se daba por sentado, era algo gratuito y fácil de desechar. Ahora amar tiene un precio muy alto y algunas personas están dispuestas a pagarlo. 
Me parece gracioso. Para mí es un sentimiento barato y sin sentido, producto de nuestra imaginación, algo invisible, inservible. O tal vez sólo soy un hombre amargado. Pero la vida me ha hecho así, o mejor dicho, mi familia. No, no es resentimiento, simplemente es la verdad. 


Durante años he tratado de entender los lazos. Esos tentáculos que nos atan y nos alejan de nosotros mismos. No sé si exista una cura, como esa que buscan los secuestradores radicales. Lo que sí sé es que no son eternos. Yo soy prueba viviente de ello. A menos que mi teoría resulte cierta y yo no tenga tentáculos. Tal vez mi condición nunca me permitió formarlos, o puede ser que ese desapego que tuve hacia mi familia los haya hecho desaparecer. 





2. Los lazos pueden permanecer unidos por tiempo indefinido, es decir, que mientras estés cerca de la persona que amas, sus lazos parecerán uno.





Hace dos días que no leo el periódico y al parecer me he perdido de muchas noticias. Unas más tristes que otras. Algunas demasiado predecibles para tomarlas en cuenta.

"Joven de 17 años se suicida porque su novia amenaza con dejarlo."

Lo extraño es la muerte de la joven. Ha sido un caso extraño. La pareja estaba discutiendo en un puente y el muchacho se lanzó de repente hacia el tráfico. Ahora viene lo curioso. La joven, que observaba atónita, de pronto cayó al vacío como si hubiera estado amarrada al muchacho que saltó. Cabe mencionar que las muertes no necesariamente son iguales a las de la persona que fallece. Ni que fallecen al mismo tiempo. Las muertes pueden registrarse con horas de diferencia, minutos, segundos incluso. Ha habido casos en lo que han pasado días entre cada muerte. Lo que sí es seguro es que nadie puede escapar de ella. Tarde o temprano mueres. Te vas con la persona que amas.
Distintas maneras, una misma causa. Pareciera que el destino siempre se dispone a hacernos una mala jugada. Como puede ser que muramos mientras dormimos, puede ser que nuestra muerte sea extremadamente traumática. Todo depende de lo que te toque en la lotería de la vida, ¿o debería decir de la muerte?

Tal vez resulte difícil imaginar cómo la gente puede seguir viviendo bajo estas circunstancias. Ni yo soy capaz de explicarlo. Pero, como dicen por ahí, la vida sigue, lo queramos o no. Considero que es cuestión de acostumbrarse. Aprender a vivir a sabiendas de que en cualquier momento puedes morir o ser la causa de la muerte de alguien.





3. La unión de los lazos se vuelve invisible cuando se está lejos del ser querido, pero eso no significa que se rompa. 





La noticia de hoy fue, por no encontrar otra palabra, impactante. 

"Avión se desploma por falla en motor. Mueren 283 pasajeros."

Lo impactante de esta noticia no es que se desplomara el avión, sino la cantidad de gente que murió a causa de ello. Las muertes conocidas fueron 2791. Eso sin contar amigos y familiares lejanos o que se encontraban en otras ciudades.

Es dificil llevar un conteo sobre las muertes, especialmente cuando suceden a distancia. Cada ciudad lleva su registro, pero en ocasiones resulta muy complicado averiguar si fue por causa propia o ajena. No me gustaría estar en los zapatos de la persona a cargo de esas investigaciones. A veces siento que los noticieros no dan las notas completas para no generar pánico. 

En estos tiempos, además de temer a la muerte, tenemos miedo de formar lazos fuertes, lazos que nos lleven a morir. Aunque todavía existe gente que cree que el amor es la respuesta de todo, y que en algún momento nos curará de esta extraña enfermedad que esta acabando con la humanidad. 
Me resulta hipócrita esa manera de pensar. El que piensen que el amor lo puede todo. No es así, y la prueba es que cada vez hay más gente sola que no desea crear lazos, así como yo.

Sólo queda esperar que la humanidad desaparezca. A lo mejor ese es nuestro castigo. Estamos destinados a extinguirnos. Poco a poco más gente irá muriendo. Quedaremos aquellos que perdimos nuestro lazo en el camino, o que fue desapareciendo a lo largo de nuestra vida. Aquellos que tuvieron tanto miedo a morir con alguien que decidieron hacerlo solos. "Me alejo de ti para no morir contigo". Creo que podría ser un buen slogan para uno de esos grupos extremistas.

Nos venden la idea de que debemos ser felices mientras podamos. Que debemos aprovechar el tiempo que tenemos con nuestros seres queridos porque no sabemos si mañana seguiremos juntos. ¿Y qué pasaría si mi felicidad la provoca el hecho de que moriré por causas propias y no ajenas? ¿Que prefiero morir solo, bajo mis propios términos, que por culpa de alguien más? Ha de ser frustrante ser un niño feliz con toda una vida por delante que muere porque su abuelo fallece de causas naturales debido a su avanzada edad. No, la muerte no perdona edades. Si estás unido a alguien, morirás con esa persona, lo quieras o no. A menos que decidas romper los lazos que los unen. 

¿Quién sabe? Puede ser esa la cura que tanto buscan. Al menos lo fue para mí.





4. Los lazos pueden generar varios tentáculos. 




Suicidio colectivo. Eso es lo que dicen hoy los periódicos.

"Familia de 52 integrantes se suicida en última cena."

Si te encuentras en una reunión familiar y estás unido sentimentalmente a varias de las personas que te rodean, tu lazo se divide y se une a los de ellas. Por eso no lo considero suicido colectivo. Con que uno de los integrantes se mate, morirán todos. Y creo que eso fue lo que sucedió.

Hay personas que no están dispuestas a vivir con la incertidumbre de quién causará su muerte y cuándo llegará. Últimamente se han publicado muchas noticias sobre "suicidios colectivos". Imagino que se volverán una moda. Ahora mucha gente querrá morir bajo sus propios términos en lugar de vivir con la incertidumbre. En lo que a mí respecta, prefiero la incertidumbre. El no saber cuándo moriré ni por causa de quién. Ir caminando por la calle y de repente caer muerto. Estar en la oficina en una junta, que mi cabeza golpee la mesa estruendosamente y que todo se interrumpa porque, bueno, estoy muerto.

No queremos aceptar que el mundo se fue a la mierda desde hace mucho tiempo. Sólo nos damos cuenta de la muerte cuando es ajena. No nos ponemos a pensar en que algún día nos sucederá a nosotros, que algún día seremos nosotros los que despertemos ese sentimiento, esa sensación de que la muerte está cerca. 

No quiero vivir para siempre. Sólo deseo vivir. Pero habitar este mundo enfermo de muerte y ser de los pocos a los que esos malditos tentáculos no hieren, me hace ser diferente. Y yo no deseo ser diferente, no quiero ser recordado como el hombre que logró sobrevivir a la gran epidemia porque prefirió quedarse solo.
Es un mundo enfermo. Y debemos aceptarlo y aprender a vivir con ello. 




5. Si deseas sobrevivir, no debes amar a nadie.




Hoy los periódicos suenan más como una revista amarillista. Aunque, ahora que lo pienso, siempre lo han sido.

"Mujer embarazada se desploma en tienda departamental."

Títulos que despiertan curiosidad, por no decir morbo. Lo que no dice el título es que la mujer cayó muerta, se desplomó en una tienda de ropa para niños. Compraba ropa para su bebé sin saber que él, o ella, sería la causa de su muerte. El feto falleció y, por ende, la mujer. 
El artículo no menciona las causas de la muerte del feto. Uno esperaría que lo anunciaran, a fin de cuentas, eso es lo que vende. Me gustaría saber cuánta gente murió con ella. 

"El amor es un acto de valientes", leí por ahí. Me causa gracia lo frágiles que somos.  Si seguimos así, seremos pocos los sobrevivientes de esta epidemia.
Ahora pocos lloran por los que se van. Lo aceptan y siguen su camino. Vemos los cuerpos caer en las calles y no hacemos nada. Sólo observar. Nos hemos convertido en espectadores del circo de la muerte. La grabamos, le tomamos fotografías y seguimos sin voltear atrás. Leemos las noticias sólo para luego especular cuántas muertes más habrán provocado.
Los enfermos somos nosotros. Estamos enfermos de muerte.





6. Los lazos deben romperse.



Si deseamos tener futuro como humanidad, debemos romper todos los lazos. Evitar que esos tentáculos nos unan y nos provoquen la muerte. Si queremos sobrevivir no podemos amar. Es necesario dejar de sentir. 
Cada vez habrá menos familias y más gente sola. Los sobrevivientes envejeceremos para eventualmente morir, dejando este mundo vacío. Este mundo frío y enfermo en el que para amar debes morir. Morir de amor ya no es sólo una frase, ahora es una realidad. Tal vez nosotros seamos la enfermedad y la muerte sea la cura. 

A lo mejor cuando llegue a viejo me daré cuenta de que viví incompleto, que quizá hubiera sido mejor morir por amor. Unirme a alguien para no enfrentar a la muerte solo.

jueves, 19 de febrero de 2015

The year I lost myself... and other things

Last year was tough. Very. I've had bad years. Other not so bad. But last year... last year was awful. 
You never think you're going to lose something... or someone. I mean, I've lost many things, some important, some not so much. My brain works in mysterious ways, and sometimes my thoughts send me away... to a galaxy far far away from me, aaand... that's when I lose things. I space and then forget that I had money in my hand and I dropped it or that I left my iPod in the bathroom (for no special reason) and start to panic and think I've lost it. 
I have lost loads of things over the years, but last year I lost: socks, pens, books, movies, money, time, effort, my dog (for a brief moment), friendships, inspiration, documents, and many, many other things. Just because I spend too much time in the world inside my head.
Daydreamers people call us. I call myself: "Compulsive thinker and dreamer with moments of illumination". Pretty weird, huh?
Well, I am, I'm a weird person. And a good one... I think... yeah, I'm a good person, I mean, I have my moments like everybody else, but in general I'm nice... but last year... last year I became a horrible person, someone I never thought I could be. I became a bright green toxic waste monster that glowed. Badly. I could't even stand myself. I hated me. And everything and everyone around me. Sounds terrible, doesn't it? Well, that was me, a toxic waste monster that walked and thought compulsively. 
But it wasn't all my fault, you know? Before you say: "oh, there she goes, blaming everyone but herself", I did blame myself, a lot, all the time, I lost sleep because of it. I even lost my hair (not all of it, but stress and hair don't go together). Stress became my best friend, and it wasn't pretty. I got really depressed and gained weight. I isolated myself from the people that really cared about me. Even from my own family. I distanced myself from the most important people in my life. It's a mistake I will regret for the rest of my existence.
When I say it wasn't entirely my fault it's because I tend to "over-help" (I don't know if that's even a word but it kinda descibes what I'm trying to say) the people I love, in this case, a.k.a. my friends. I'm the kind of person that considers her friends family. Treats them as such, is there for them, helps whenever they need. I'm there, you know, always. But when you find out that your so called "friends" have been using you and talking behind your back and making your life (and job... yeah, I worked with some of them) a living hell, you start to become a bright green toxic waste monster that glows.
It's sad and it hurts like putting lemon on a wound. It stings and breaks your heart. It makes you question yourself, and then you start thinking that maybe you're not such a good person, you're not a loyal and trustworthy friend. That you are not a friend at all. To anyone. Not even to yourself. 
I know I've made mistakes... LOADS... but when the people you surround yourself with only look at what you did wrong and don't look at themselves, that's when you start to become that glowing monster that you hate. You start to defend yourself from your "friends" instead of reasoning with them. When they only hear what the want to hear, and see only what they want, you hurt, because they doubt you, they diminish you so they can feel and think they're better than you. I know sometimes life's a competition, but this is a whole load of crap. Seriously. Being betrayed over and over and over... and over again, made me want to seek phsycological help. I started to think that I was all that was wrong with this world (add to that the hormones and the menstrual cycle... nuclear bomb).
I'm not perfect, noone is. But some people... MAN! SOME PEOPLE! They think everything they do is perfect, and they manipulate, and twist everything to make it look like they are always right... sorry, the bright green toxic waste monster that glows tried to escape.
Anyway, I became a horrible person, and I hated everything about me. I cried... A LOT... I felt as if I had the universe over my shoulders (exaggerate much?). I cried over people who didn't care for me, and I took it on the people who did, a.k.a. my family. 
I wanted to be alone. The memories of the past 3 years, of all of the friends that I lost, sometimes for being stupid and proud, sometimes because they SUCKED, took me to a very, very dark place. I lost myself. 
And then... I lost my dad. Losing someone that important makes everything seem small, tiny, practically inexistent. I spent the whole year sulking and being depressed, instead of being with him. Instead of spending time with my dad I was wasting my time in a job that I started loving and ended up hating, hanging out with people that didn't care for me, ignoring and pushing away one of the most important people in my whole entire life: MY FATHER.
I had lost my father and I didn't know what to do. I still don't. I miss him every second. I miss his laugh, him waking me up to have breaksfast together, defending me when I argued with my mom. I miss him being there for me... always. He was one of the few that had faith in me, that trusted that I could be the best in everything that I do, even if it was just pouring him a glass of water.
I lost MY DAD. And I was crying over some stupid people because they didn't appreaciate me. Didn't care for me... He did, a lot, he loved me so much. And I loved him. And the sad part is that I took him for granted. I didn't tell him: "I love you" enough. I didn't spend as much time with him as I should have. And all because I was too busy to be there for him. I was too caught up with my own problems to be there. 
I hate myself, I'm not gonna lie. I do. I wish I could've done more to help him when he got sick. But I was scared and angry. He'd gotten sick so many times I got really pissed when he didn't care for his health and ended up in the hospital over and over again.
I remeber that day like it was yesterday. Coming back from work and hearing my mom say: "Brenda, come upstairs quick, your dad isn't feeling well". I ran up the stairs and found him laying on my bed saying he felt dizzy and he couldn't move. We took him to the emergency room and the doctors told us the problem was his blood preasure and that he was dehydrated. So, after hydrating him and giving him medication to regulate his preasure, they released him.
On the way home he kept complaining that he had a headache, but we told him it was normal, like the doctor said, because of the rise in his blood preasure. But he knew something was wrong. He knew and we didn't listen. Because, you know, you're supossed to trust doctors, aren't you?
3 am and my mom wakes me up in a hurry and tells me to call an ambulance. My dad was really sick. A blood clot had formed in his brain and it was killing him. But we didn't know.
We moved as fast as we could and took him to the ER again. The doctors didn't believe what my dad told them, that it'd gotten worse, that he couldn't control his movements... man, he couldn't even talk right, and not even then did they do something to stop what was happening, or at least, try.
My dad went into a coma that very night, and he never woke up. I didn't get to talk to him while he was still awake. Say I'm sorry for being so selfish, for worrying and crying about stupid people and stupid things that didn't matter. Now what mattered was that my father had died. That I had lost him. That even tough I was with him until the very end, I couldn't do anything to make him better. No one could. 
So now when I cry, I don't do it because of the people that hurt me, life will find a way to give them what they deserve, I cry because I lost my dad, my friend, the one who loved me most.
I've been dealing with depression and anxiety for the past few months. My two best friends and my family (my mom, my brother and my dog) are the only ones that know what's really happening with me, and are the only ones that are helping me get through it all, and I am helping my mom and my brother grieve. My mom lost her husband of 41 years, my brother lost his best friend and his idol, I lost my dad, the one who loved me most.
So now I live one day at a time. Some days are good, some are bad, but I'm still here. Two weeks ago I got a memorial tattoo for my dad. It itches like hell but, important rule: "don't scratch or you'll ruin the design". And of course my mom almost fainted when she saw it and got angry and said: "it's too big", but she understands, she gets that I needed to do it, even if she doesn't like tattoos. It's a process, grieveing, and everyone lives it differently. This is my process. Getting tattooed and writing in my blog. Telling, to whoever wants to read, my story. The story of how last year I lost myself... and other things...

martes, 1 de abril de 2014

La conspiración de mi libro favorito

Encontré las llaves tiradas en una jardinera. No me había dado cuenta de que estaban ahí hasta que dejé mi libro olvidado cuando por las prisas me levanté rápido para alcanzar el camión. Estaba a punto de subirme cuando recordé que había dejado mi libro favorito en la jardinera.
Corrí lo más rápido que pude, porque temía que alguien se lo llevara. Cuando llegué al lugar donde estaba sentado, encontré a una mujer con un niño que peleaban por un vaso de nieve. Lo primero que vino a mi cabeza fue: “van a ensuciarlo”. Me acerqué rápidamente, pero procurando no asustarlos, y les pregunté si no habían visto mi libro. La señora me miro con una expresión mezcla de ira e indignación, así que decidí no decir más. Afortunadamente se levantó, jaloneó a su hijo y se fueron.
Desesperado lo busqué. No podía perderlo. No ahora que estaba en esa parte donde la lechuza se asoma a la ventana a media noche y sus ojos reflejan la luz de tal manera que parecen los ojos de un demonio. Obviamente sabía lo que sucede después. He leído ese libro más de siete veces. Después de todo, es mi libro favorito.
Lo busqué por todas partes y no lo encontré. Me iba a dar por vencido cuando noté algo entre las ramas del arbusto en la jardinera. Eran unas llaves. Cuatro llaves y un llavero. Nada especial. Una estrella morada con un símbolo extraño dibujado en el centro. Y justo al lado de las llaves estaba mi libro.
Curiosamente, en lugar de tomar mi libro favorito, la razón por la cual regresé, tomé las llaves y las observé detenidamente. Una de ellas era muy vieja. Al examinarla imaginé una casona, de esas casas viejas con puertas de madera enormes que rechinan cuando las mueves. Las otras tres eran como cualquier otra. Lo que las diferenciaba, además de su forma, eran unas pequeñas manchas de color en cada una de ellas. Manchas, no puntos ni líneas. Manchas. Un color para cada llave. Azul celeste para la más larga, rosa para la llave corta y verde para la redonda.
Me pregunté para qué eran, a quién pertenecerían, qué puertas, cajas, secretos abrirían. Tan absorto estaba en mis pensamientos que olvidé por completo mi libro. Y también que debía regresar al trabajo.
Esas llaves habían llegado a mi vida por una razón. Mi libro había conspirado con el universo para que yo las encontrara. Comencé a imaginar a dónde pertenecían. Pensé en la enorme casona, en una puerta vieja y grande que casi se cae a pedazos con una cerradura en la que encaja perfectamente la llave vieja y oxidada. Al sentirla imaginé a una anciana con las manos temblorosas intentando introducir la llave en el cerrojo, pero fallando repetidamente.
No, no podían ser las llaves de una anciana. El llavero parecía pertenecer a una joven. Tal vez una estudiante, nieta de la anciana de las manos temblorosas que vive en la casona de las enormes puertas que rechinan.
Tal vez las llaves son de un niño al que le gusta coleccionar llaves y que accidentalmente las manchó con sus pinturas mientras jugaba a ser un pintor de brocha gorda.
O quizá se las robó a su madre, y la señora ha estado muy estresada buscándolas por días sin saber que el niño las perdió en la jardinera del parque al que suelo ir a leer todos los días a la hora de comida.
Recordé mi libro, lo recogí y me dirigí a mi casa. Ya no tenía caso regresar al trabajo, ya era muy tarde.
A lo mejor las llaves pertenecían a un músico. Al guitarrista de una banda de rock que tiene como talismanes ese llavero de estrella y esa llave vieja y oxidada que probablemente abre puertas enormes que rechinan.
Pensé en un trabajador de un banco que tiene que utilizar esa llave vieja y oxidada para abrir una bóveda enorme y llena de polvo donde guardan monedas de cobre antiguas que no valen mucho pero que tienen valor sentimental para la persona que ahí las guarda.
O tal vez esas viejas monedas de cobre se utilizan para hacer llaves viejas y oxidadas que abren enormes puertas que rechinan.
A lo mejor esa llave pertenece a un ladrón que robó un diamante muy importante del museo de la ciudad y que, al sentirse acorralado por la policía, entró a un cementerio y escondió la joya en una cripta con una enorme puerta de madera que rechina, en la que alguien olvidó esa llave oxidada y vieja que yo me encontré en la jardinera.
Camino a mi casa observé todas las puertas que me topé en el camino. Vi puertas cortas que no le quedaban a mi llave larga,  puertas largas que no le quedaban a mi llave corta y puertas flacas que no le quedaban a mi llave gorda.
Tal vez esas llaves pertenecieron a una ardilla, y ahora está sufriendo porque no puede usar la llave gorda para abrir el árbol en donde guarda todas sus nueces. En realidad, esas llaves podrían pertenecer a cualquiera.

Seguí imaginando quién podría ser el dueño de esas llaves cuando de pronto me di cuenta de que estaba parado frente a una casona con enormes puertas de madera que rechinan. Entonces, introduje la llave vieja y oxidada en el cerrojo, la giré, entre a mi casa y cerré la puerta.

jueves, 20 de febrero de 2014

Dice que soy el hombre de su vida

Dice que desde que estoy con ella ya no se siente sola. Lo que ella no sabe es que yo sí me siento solo. Y cansado. Muy cansado. Todos los días es lo mismo, peleas, pláticas absurdas. Banales. No soporto a sus amigas. Pero tengo que estar con ella. No puedo dejarla sola. Aunque quiera. Me gusta su voz cuando está tranquila. Cuando me habla a mí. Y sólo a mí. Cuando me dice que soy el hombre de su vida. Cuando platica sobre sus planes, nuestros planes, porque siempre me incluye en ellos. Nunca se ha detenido a preguntarme si quiero formar parte de su futuro. Si quiero compartir con ella su vida. Pero no quiero. Y no puedo evitarlo. Ayer, mientras caminábamos por la calle, tropezó y cayó. Me reí. Sé que no debí hacerlo. Me reí tanto que se enojó conmigo. Y no me habló en toda la tarde. Me agradó no escucharla. No me gusta su voz cuando se enoja. No la soporto. Puedo decir que la odio. Que odio su voz. Y a ella también. Me siento tan cansado que desearía no estar aquí. Dejarla sola e irme. Pero no puedo. Estoy atado a ella. Unido por un lazo que no se puede romper. Al menos no por ahora. No ahora. Sé que me recriminarían si la abandono. Si la dejo para siempre. Pronto, pronto la dejaré. Y seré feliz. Podré descansar. Dejar de escuchar esa voz que odio. Que me exaspera. Que hace que la odie cada día un poco más. Estoy tan cansado. Siento cómo mi cuerpo se desgasta. Estoy cambiando. Mi cuerpo está cambiando. Envejece. Poco a poco. Y no puedo evitarlo. Yo sé que llegará el día en que mi cuerpo ya no podrá más. Ya no resistirá vivir. Estar junto a ella. Y escuchar su voz. Esa voz que exaspera. Pero que deseo escuchar cuando estamos solos. Cuando me habla a mí. Y sólo a mí. Desearía saber por qué odio tanto a alguien que amo. A ese alguien que daría la vida por mí. Que con sólo sentirme sabe cuando estoy bien. O cuando estoy tan cansado que he perdido el deseo de moverme. Mi cuerpo no resistirá más. De eso estoy seguro. Siento que me rompo en pedazos, pero no puedo decírselo a nadie. No me escuchan. Ni siquiera ella. Veo mis manos, mis piernas. Me desconozco. Hasta mi piel está cambiando. A veces siento que quiere dejarme. Que quiere pertenecer a otro cuerpo que no la desprecie. Que la deje cambiar. Evolucionar. Crecer. ¿O debería decir envejecer? Es repulsiva la forma en la que mi cuerpo se transforma. Lo hace aunque yo no lo permita. No sabe. No entiende que nos está desgastando. Nos acerca cada vez más a ese final tan esperado, pero también temido. Le temo, sí. Le temo a ese final, a estar lejos de ella, a no escucharla más. No puedo dejarla. No puedo dejar a esa mujer. No puedo dejar a mi madre. O tal vez sí. Tal vez decida nacer. Envejecer y alejarme de ella. Para morir. O tal vez decida no dejar su vientre. Quedarme aquí aunque odie su voz. Y morir.

Estoy cansado. Muy cansado. Pero no puedo dejarla. No puedo alejarme de ella.

sábado, 10 de agosto de 2013

Death by numbers

In my first life I was a singer. Successful but so sad I killed myself. Fame isn't everything, you know.

In my second life I had a beautiful daughter. Her name was Rose. Pretty as a flower but so weak. Oh, so weak. She died when she was two years old. I couldn't live without her. I just couldn't.

My third life wasn't easy either. I fell in love with a man, but I never told him that I loved him. I was too afraid he would break my heart. And then I found out he fell in love with someone else. I couldn't face the fact that he wasn't mine. The pain was too much for me. So I had to leave. And I left. Forever. But he came with me.

In my fourth life I was a heartless bitch. Many men loved me but I never loved any of them. I used them. But I got tired. So tired. My life had no meaning. I had everything I wanted but, at the same time, I had nothing. I felt hollow. I ended my life. I've never felt more alive.

My fifth life was a lonely one. I lost my grandmother and I had no one else. I wanted to see her again. I jumped from a highway bridge and stopped traffic. I was seventeen.

My sixth life was a happy life. I had a husband and two sons. Beautiful boys. But one day my husband decided he wanted to keep us together forever. And he did. He killed us one morning during breakfast.

My seventh life was easy. I had everything, money, health, love. Have you ever woken up one morning and decided you didn't want to live anymore? I did. Not because I was sad, or heartbroken, or ill. I was bored. Plain and simple. The pills I took gave me such a rush I thought I was dreaming. The maid found me by the pool.

In my eight life I was a homeless person. I got eaten by dogs. They found me frozen to death in an alley. I understand why they did it. They were hungry. Just like I was.

In my ninth life I left this world very suddenly. I saw a blinding light and then I died. I got cut in half by a train.

This is my tenth life, and as I am writing this letter, I'm bleeding to death. Oh, no! I didn't try to kill myself. I don't know who did. I just felt the knife penetrate my stomach. 

I wonder how my next life will be. Maybe I'll be a famous painter, or an awesome surfer, or perhaps a very tiny owl that stares at people that walk through the park late at night.


Or maybe, just maybe, I'll be you.

lunes, 14 de enero de 2013

Encebollado

Comerme mi cerebro. Comérmelo como el hígado... encebollado. Cortarlo con cuchillo de plata. Levantar el dedo meñique al agarrar el tenedor. Llevar lentamente el pedazo de cerebro a la boca. Masticarlo y disfrutar los recuerdos, las penas y los miedos. Comerme mi cerebro. Comérmelo como el hígado... encebollado.